La madre esclava: un relato del Ohio
Traducción del inglés por Sandra Botta
Texto original de Frances E.W. Harper
Edición por Alejandro Ramírez Pulido
Imagen: «The Modern Medea» de Thomas Satterwhite Noble
Yo solo tengo cuatro tesoros de mi alma,
que, como palomitas, colman mi corazón.
Y tiemblo si imagino alguna mano cruel
irrumpiendo en mi casa, causando destrucción.
Mi pequeñita mira, con ojos inocentes,
con intención curiosa, mi rostro de ansiedad.
No sabe de las sombras que rodean mi alma
cuando pienso en su bien, en su seguridad.
Mis niños juguetones, no podría olvidarlos.
Mi casa puede verse como un lugar feliz,
Pero con su alegría radiante yo confundo
la oscuridad que aguarda en su terrible fin.
Y tú, hija querida, la niña más preciosa,
La última, la amada, adorada bebé.
¡Ay! Cada vez que pienso en tu fatal destino,
mi corazón se agita, pronto a desvanecer.
El Ohio helado se extiende como un puente,
la estrella polar brilla con toda intensidad.
Me llevo los polluelos del nido de mi alma
hacia su luz buscando, por fin, la libertad.
La noche y el invierno dominaban la tierra.
Los árboles, temblando, gemían en susurros.
Un gélido suspiro se deslizaba apenas
Allá donde la brisa iniciaba un murmullo.
Huyó con sus pequeños, con sus preciados hijos.
Llegaron hasta el cauce y pronto lo cruzaron.
Visiones deslumbrantes, liberación al fin,
como promesas de oro al pobre, les llegaron.
¡Soñar! Sueñas en vano, valiente madrecita,
Renuncia a tu esperanza y a todos tus esfuerzos.
Aquel que te persigue ya está sobre la pista,
Aquel que va a cazarlos encontró tu sendero.
Judea, tus ciudades tenían potestad
para brindar escudo, refugio y protección.
Incluso en Roma había altares cuya sombra
cubría a los esclavos dándoles salvación.
El Ohio, sin embargo, no es santuario seguro
que esté a los derechos humanos consagrado,
donde encontrar amparo para tus pobres hijos
del oscuro destino que los ha acorralado.
La madre dijo, luego, perdida en su aflicción:
Si el Ohio no puede salvarnos en la fuga,
haré mi propia ofrenda por la liberación.
Ella hallará, por cada niño, una sepultura.
Y yo seré quien salve a mis preciosos hijos
de este fatal destino que los sume en penumbra.
Hacia la libertad les abriré el camino
atravesando, pues, los portales de la tumba.
Por un instante, bajo la tibia luz del sol,
ella tuvo en su mano un reluciente puñal.
Un momento después, ella lo bañó
en rojo carmesí de la fuente vital.
Ellos le arrebataron el arma infanticida
mientras los pobres niños gritaban de terror,
y luego levantaron el frío cuerpecito:
la niña estaba muerta, su rostro sin color.
La audacia temeraria de semejante prueba
¿acaso no conmueve el alma del país?
La cruel esclavitud, con sus manos heladas,
¿no estremece acaso el más hondo sentir?
Mas ¡ay! ¡Si solo hubiera honor en esta tierra,
si existiera justicia, si existiera verdad!
¿No se pondrán, entonces, como hombres y cristianos,
del lado que defiende, al fin, la libertad?
I have but four, the treasures of my soul,
They lay like doves around my heart;
I tremble lest some cruel hand
Should tear my household wreaths apart.
My baby girl, with childish glance,
Looks curious in my anxious eye,
She little knows that for her sake
Deep shadows round my spirit lie.
My playful boys could I forget.
My home might seem a joyous spot,
But with their sunshine mirth I blend
The darkness of their future lot.
And thou my babe, my darling one,
My last, my loved, my precious child,
Oh! when I think upon thy doom
My heart grows faint and then throbs wild.
The Ohio’s bridged and spanned with ice.
The northern star is shining bright,
I’ll take the nestlings of my heart
And search for freedom by its light.
Winter and night were on the earth,
And feebly moaned the shivering trees,
A sigh of winter seemed to run
Through every murmur of the breeze.
She fled, and with her children all,
She reached the stream and crossed it o’er,
Bright visions of deliverance came
Like dreams of plenty to the poor.
Dreams! vain dreams, heroic mother,
Give all thy hopes and struggles o’er,
The pursuer is on thy track,
And the hunter at thy door.
Judea’s refuge cities had power
To shelter, shield and save,
E’en Rome had altars; ‘neath whose shade
Might crouch the wan and weary slave.
But Ohio had no sacred fane,
To human rights so consecrate,
Where thou may’st shield thy hapless ones
From their darkly gathering fate.
Then, said the mournful mother,
If Ohio cannot save,
I will do a deed for freedom.
She shall find each child a grave.
I will save my precious children
From their darkly threatened doom,
I will hew their path to freedom
Through the portals of the tomb.
A moment in the sunlight,
She held a glimmering knife,
The next moment she had bathed it
In the crimson fount of life.
They snatched away the fatal knife,
Her boys shrieked wild with dread ;
The baby girl was pale and cold.
They raised it up, the child was dead.
Sends this deed of fearful daring
Through my country’s heart no thrill,
Do the icy hands of slavery
Every pure emotion chill?
Oh! if there is any honor.
Truth or justice in the land.
Will ye not, as men and Christians,
On the side of freedom stand?
Fuente: Harper, Frances Ellen Watkins (1857): “The Slave Mother: A Tale of the Ohio», African-American Poetry: a Digital Anthology
I have but four, the treasures of my soul,
They lay like doves around my heart;
I tremble lest some cruel hand
Should tear my household wreaths apart.
My baby girl, with childish glance,
Looks curious in my anxious eye,
She little knows that for her sake
Deep shadows round my spirit lie.
My playful boys could I forget.
My home might seem a joyous spot,
But with their sunshine mirth I blend
The darkness of their future lot.
And thou my babe, my darling one,
My last, my loved, my precious child,
Oh! when I think upon thy doom
My heart grows faint and then throbs wild.
The Ohio’s bridged and spanned with ice.
The northern star is shining bright,
I’ll take the nestlings of my heart
And search for freedom by its light.
Winter and night were on the earth,
And feebly moaned the shivering trees,
A sigh of winter seemed to run
Through every murmur of the breeze.
She fled, and with her children all,
She reached the stream and crossed it o’er,
Bright visions of deliverance came
Like dreams of plenty to the poor.
Dreams! vain dreams, heroic mother,
Give all thy hopes and struggles o’er,
The pursuer is on thy track,
And the hunter at thy door.
Judea’s refuge cities had power
To shelter, shield and save,
E’en Rome had altars; ‘neath whose shade
Might crouch the wan and weary slave.
But Ohio had no sacred fane,
To human rights so consecrate,
Where thou may’st shield thy hapless ones
From their darkly gathering fate.
Then, said the mournful mother,
If Ohio cannot save,
I will do a deed for freedom.
She shall find each child a grave.
I will save my precious children
From their darkly threatened doom,
I will hew their path to freedom
Through the portals of the tomb.
A moment in the sunlight,
She held a glimmering knife,
The next moment she had bathed it
In the crimson fount of life.
They snatched away the fatal knife,
Her boys shrieked wild with dread ;
The baby girl was pale and cold.
They raised it up, the child was dead.
Sends this deed of fearful daring
Through my country’s heart no thrill,
Do the icy hands of slavery
Every pure emotion chill?
Oh! if there is any honor.
Truth or justice in the land.
Will ye not, as men and Christians,
On the side of freedom stand?
Yo solo tengo cuatro tesoros de mi alma,
que, como palomitas, colman mi corazón.
Y tiemblo si imagino alguna mano cruel
irrumpiendo en mi casa, causando destrucción.
Mi pequeñita mira, con ojos inocentes,
con intención curiosa, mi rostro de ansiedad.
No sabe de las sombras que rodean mi alma
cuando pienso en su bien, en su seguridad.
Mis niños juguetones, no podría olvidarlos.
Mi casa puede verse como un lugar feliz,
Pero con su alegría radiante yo confundo
la oscuridad que aguarda en su terrible fin.
Y tú, hija querida, la niña más preciosa,
La última, la amada, adorada bebé.
¡Ay! Cada vez que pienso en tu fatal destino,
mi corazón se agita, pronto a desvanecer.
El Ohio helado se extiende como un puente,
la estrella polar brilla con toda intensidad.
Me llevo los polluelos del nido de mi alma
hacia su luz buscando, por fin, la libertad.
La noche y el invierno dominaban la tierra.
Los árboles, temblando, gemían en susurros.
Un gélido suspiro se deslizaba apenas
Allá donde la brisa iniciaba un murmullo.
Huyó con sus pequeños, con sus preciados hijos.
Llegaron hasta el cauce y pronto lo cruzaron.
Visiones deslumbrantes, liberación al fin,
como promesas de oro al pobre, les llegaron.
¡Soñar! Sueñas en vano, valiente madrecita,
Renuncia a tu esperanza y a todos tus esfuerzos.
Aquel que te persigue ya está sobre la pista,
Aquel que va a cazarlos encontró tu sendero.
Judea, tus ciudades tenían potestad
para brindar escudo, refugio y protección.
Incluso en Roma había altares cuya sombra
cubría a los esclavos dándoles salvación.
El Ohio, sin embargo, no es santuario seguro
que esté a los derechos humanos consagrado,
donde encontrar amparo para tus pobres hijos
del oscuro destino que los ha acorralado.
La madre dijo, luego, perdida en su aflicción:
Si el Ohio no puede salvarnos en la fuga,
haré mi propia ofrenda por la liberación.
Ella hallará, por cada niño, una sepultura.
Y yo seré quien salve a mis preciosos hijos
de este fatal destino que los sume en penumbra.
Hacia la libertad les abriré el camino
atravesando, pues, los portales de la tumba.
Por un instante, bajo la tibia luz del sol,
ella tuvo en su mano un reluciente puñal.
Un momento después, ella lo bañó
en rojo carmesí de la fuente vital.
Ellos le arrebataron el arma infanticida
mientras los pobres niños gritaban de terror,
y luego levantaron el frío cuerpecito:
la niña estaba muerta, su rostro sin color.
La audacia temeraria de semejante prueba
¿acaso no conmueve el alma del país?
La cruel esclavitud, con sus manos heladas,
¿no estremece acaso el más hondo sentir?
Mas ¡ay! ¡Si solo hubiera honor en esta tierra,
si existiera justicia, si existiera verdad!
¿No se pondrán, entonces, como hombres y cristianos,
del lado que defiende, al fin, la libertad?
Para quienes traducimos literatura, lo intraducible es un desafío permanente. A veces se limita a una palabra, a un culturema; otras veces es algo que no podemos verificar, porque los autores ya no están con nosotros, y tenemos que recurrir a nuestra propia interpretación. En este poema en particular hay varias cuestiones intraducibles; lo primero que vemos son las expresiones como And the hunter at thy door./ E’en Rome had altars; ‘neath whose shade / Will ye not, as men and Christians, que reflejan una variedad lingüística, algo que es ciertamente intransferible. Pero luego, es necesario además tener en cuenta la época, el contexto histórico y social, el sufrimiento que podemos leer pero que no podemos hacer carne. No podemos vivenciar lo que la gente esclavizada tuvo que atravesar, y eso es mucho más intraducible que lo lingüístico.
Otro aspecto que tuve en cuenta, siguiendo el consejo de mis maestros y profesores, fue que cuando traducimos poesía, la forma es tan importante como el contenido y, en ocasiones, la forma es precisamente el contenido. Así, encaré un trabajo de transcreación para lograr que la métrica, la melodía y la rima de mi versión coincidieran con una forma típica del siglo pasado, una forma que tenía su encanto y su difusión, y en ese trabajo de respetar la prosodia me encontré con otros desafíos. La manera de resolverlos fue realizando algunos cambios, forzando un poco la gramática como lo hacían los poetas de antaño.
Sandra Botta nació en 1965 y vive en Gdor. Crespo, Santa Fe, Argentina. En noviembre de 2023 obtuvo su título de traductora literaria y técnico-científica de inglés, y en mayo de 2024, el grado de Bachiller en Letras, UNL. Actualmente continúa su formación de grado como intérprete, es adscripta en la cátedra de Literaturas Griega y Latina en Letras, UNL, y trabaja como traductora freelancer. Integra el equipo de traducción literaria Susurros Chinos, coordinado por la prof. Cecilia de la Vega, de la UNC; además, tras haber disfrutado de la Escuela de Otoño de Traducción Literaria (IES Lenguas Vivas «J. R. Fernández»), sigue traduciendo en equipo, maravillándose con la increíble potencia de la labor compartida. Cree firmemente que nunca dejamos de aprender, que cada página nos impulsa a reflexionar, a enhebrar palabras y desgranar sentidos. Sueña con hacer la especialización en traducción literaria, un anhelo largamente guardado en su corazón. En 2025 obtuvo una mención en la categoría de Traductores Noveles en el Premio de Traducción Paula de Roma, organizado por la Universidad Nacional de Córdoba; esta distinción la alienta a seguir traduciendo literatura.

